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Vicios del consentimiento. La FUERZA.
By: System Administrator on jueves, septiembre 3

Consideraciones sobre la configuración del vicio de consentimiento denominado fuerza.

La demandante afirmó que al consorcio se le había impuesto la condición resolutoria pactada, toda vez que el consorcio había sido “obligado” “a firmar el [‘]nuevo contrato[’] del 28 de diciembre de 2007, so pena de no continuar la relación contractual si no se accedía a las nuevas condiciones impuestas por la Entidad.”

La Sala interpreta la demanda en el sentido de entender que el fundamento de la anulación de las resoluciones de liquidación del contrato que se solicitó en la pretensión primera es la pretendida existencia de un vicio del consentimiento que habría constreñido al consorcio a pactar la modificación que introdujo al contrato la cláusula resolutoria y, en todo caso, la ineficacia de esa misma estipulación para precluir el reconocimiento de los rembolsos y perjuicios reclamados.

 

Tanto el Código Civil como el Código de Comercio establecen reglas específicas respecto de la nulidad, estableciendo el primero la distinción entre nulidad absoluta y nulidad relativa y el segundo, consagrando el concepto de anulabilidad como equivalente al de nulidad relativa. La nulidad absoluta se configura en aquellos casos en los que el acto es celebrado por una persona absolutamente incapaz, se encuentra afectado por causa u objeto ilícito o contraría una norma imperativa -a menos que la ley disponga otra cosa (art. 1741 C.C y art. 899 C. Co.). La nulidad relativa se presenta, por su parte, en aquellos casos en los cuales el acto se celebra por una persona relativamente incapaz o se presenta alguno de los vicios del consentimiento a saber: el error, la fuerza o el dolo (art. 1741 C.C. y art. 900 C. Co.).

“La fuerza que da lugar a la nulidad relativa vicia el consentimiento -según el artículo 1513 del Código Civil- “cuando es capaz de producir una impresión fuerte en una persona de sano juicio tomando en cuenta su edad, sexo, condición”. Dice tal disposición que se considera “como una fuerza de este género todo acto que infunde a una persona un justo temor de verse expuesta ella, su consorte o alguno de sus ascendientes o descendientes a un mal irreparable y grave”.

La fuerza que vicia el consentimiento se ha caracterizado como la violencia que coloca a la víctima “ante el dilema de realizar el acto que se le propone o de sufrir el mal que ya se le inflige o con el que se la amenaza, coartándole así el grado de libertad requerido por la ley para el ejercicio de su voluntad jurídica”.14

“La invalidación del acto celebrado bajo el imperio de la fuerza presupone dos requisitos:

“a) El primero de ellos, claramente descrito en el artículo 1513 del nuestro Código Civil mira a la intensidad del acto violento y a la repercusión de éste en el ánimo de la víctima. Corresponde, por tanto, al juez ponderar en cada caso esa intensidad de la fuerza y de sus efectos, atendiendo para ello a los criterios que señala el texto legal trascrito: el criterio objetivo que atiende a la naturaleza de los hechos violentos para determinar si estos son aptos para ‘producir una impresión fuerte’ un ‘justo temor’ (vani timoris non excusat), para combinarlo con el criterio subjetivo que mira a ‘la edad, sexo y condición’ de la víctima.

b) El segundo de los aludidos requisitos para que la fuerza constituya vicio de la voluntad, no contemplado expresamente por nuestro código, pero invariablemente tenido en cuenta por la doctrina y la jurisprudencia, consiste en la injusticia de los hechos constitutivos de aquélla, entendiéndose como tales los que no encuentran legitimación en el ordenamiento jurídico respectivo” (…)” (las subrayas corresponden al texto original).15

En primer lugar, estima la Sala, en abstracto, que la amenaza de no ejecutar un contrato firmado y perfeccionado no tiene la capacidad de generar en un profesional de la interventoría, conocedor de los efectos de las obligaciones, un impacto anímico tal que le impida la libre expresión del consentimiento, de las connotaciones requeridas para configurar el vicio de la voluntad.

En este caso la demandada afirmó que el contratista suscribió la modificación de manera libre y voluntaria y el demandante no acreditó que hubiera sucedido lo contrario, luego no es posible verificar de manera concreta circunstancias particulares que hubieran podido influenciar la voluntad del consorcio, al punto que ameriten una declaración en el sentido de declarar configurado un consentimiento viciado”.

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