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Contrato de comodato entre entidades públicas. Deber de cuidar el bien recibido en préstamo. Responsabilidad por destrucción del bien prestado. Indemnización por destrucción del bien prestado.
By: System Administrator on mircoles, septiembre 2

“… en atención al artículo 2200 del Código Civil, la Sala recuerda que el comodato o préstamo de uso es un contrato por el cual una parte –comodante– entrega a otra –comodatario– un bien para que lo utilice y luego de ello lo devuelva.

Así, conforme a los artículos 2203 y 2205 ibídem, el comodatario tiene la obligación de conservar el bien y al cabo del contrato debe reintegrarlo en las mismas condiciones que lo recibió, salvo el deterioro ordinario producto del uso legítimo.

En consecuencia, según los artículos 2203 y 2204, el comodatario responderá por el deterioro del bien que haya acaecido por su culpa, conforme al cuidado que le sea exigible, el cual varía según a quien favorezca el comodato. En efecto, si el contrato se celebró para favorecer al comodatario, este responde por culpa levísima; si favorece a ambas partes, responde por culpa leve; y si se hizo en pro del comodante, por culpa lata.

De esta forma, si la discusión gira en torno al incumplimiento de la obligación de conservación, corresponde verificar, a más del grado de cuidado exigible, el estado en que se entregó el bien, para poder corroborar si se presentó el alegado deterioro, tal como lo precisó la Sala en anterior oportunidad[1]: 

Pero para determinar si puede hablarse de la ejecución imperfecta de la mentada obligación [de conservación], se debe establecer su contenido concreto y sus límites, tarea para la cual es requisito indispensable la prueba del estado en que originalmente se entregó el bien objeto de préstamo de uso. 

Es así que como el contrato de comodato es real sólo se perfecciona con la entrega física del bien objeto del mismo, entrega que necesariamente debe estar acompañada de medios probatorios eficientes para establecer el estado de conservación y funcionamiento, de suerte que sea factible confrontar y verificar en cualquier instante y durante la vigencia del contrato, si el bien requiere determinadas labores de reparación y mantenimiento acordes con las condiciones originales que presentó al momento de ser recibido por el comodatario, circunstancias que generan la exigibilidad frente a éste y que permiten establecer en sede jurisdiccional la fuente de la indemnización contractual”.

También recordó la Sala que “que la restitución del bien se hace con el deterioro ordinario y luego del mal estado de conservación sigue la ruina –el fin del bien–. En otras palabras, “se ha indicado, siguiendo las reglas generales de las obligaciones[2], que al comodato se aplica la regla ‘res perit domino’, según la cual la cosa perece para su dueño, salvo que el comodatario se encuentre en mora. En consecuencia, el comodante sufre las consecuencias de la pérdida o de los daños de la cosa cuando estos no han ocurrido por una causa imputable al comodatario[3]”.

En relación con el deterioro del bien, indicó la Sala que “no era suficiente alegar frente al contrato, que algo lo ahí estipulado era contrario a la realidad y que ello resultara suficiente para relevar al interesado de demostrar su afirmación. Pues con ello, el contratista desconocería la buena fe y sus propios actos.

Además, va en contra de las reglas de la experiencia que celebrar un comodato sobre un bien inútil, como quiera que vaciaría de todo sentido la relación contractual y, además, el convenio celebrado con posterioridad con el XXXX, el que tenía como elemento previo y necesario el funcionamiento del bien entregado en comodato.

El comodatario admitió el mal estado que alegó su contraparte, pero alegó que así lo recibió. Ese raciocinio carece de toda lógica, nadie recibe una cosa dañada y se compromete a devolverla en perfecto estado. El contrato obligaba a devolver la estación en óptimas condiciones, pues así se entregó según lo expresamente pactado.

Así las cosas, quedó debidamente acreditado que el bien se deterioró durante la ejecución contractual, por lo que resta verificar la diligencia del comodatario en la conservación de este”.

“…. se tiene que es materialmente imposible la devolución del bien en el mismo estado en que estaba, pues precisamente este quedó en total destrucción por la negligencia ya anotada, por lo que se ordenará la devolución del terreno junto con el valor de la indemnización, esto es, el costo de reconstrucción según lo requerido en la demanda[4].

En efecto, el incumplimiento contractual permite al perjudicado requerir el cumplimiento de la obligación insatisfecha o su subrogado económico y, en ambos casos, con la correspondiente indemnización[5]:

[L]a ley impone el deber de reparar integralmente a la parte cumplida el daño causado, y para ello faculta a la parte agraviada o frustrada para exigir las obligaciones insatisfechas y defender los derechos que emanan del contrato en procura de satisfacer el objeto primario del mismo o, en su defecto por no ser éste posible en el tiempo (causa oportuna), su equivalente, y obtener el resarcimiento de todos los perjuicios sufridos.

Así es, el incumplimiento del contrato otorga al contratante ofendido con la conducta de aquel que se apartó de los dictados del negocio jurídico, el derecho a reclamar la satisfacción del débito contractual y la indemnización de perjuicios, bien a través de la conminación directa o en virtud de requerimiento extrajudicial del deudor para provocarla en forma espontánea, ora mediante su ejecución forzada por las vías judiciales y contra su voluntad, con pretensión de que se realice la prestación in natura, esto es, el débito primario u original, o con pretensión sobre el débito secundario, esto es, el subrogado o equivalente pecuniario de la obligación o aestimatio pecunia, con la indemnización de perjuicios.

O sea, lo normal es que el deudor cumpla a su acreedor el contrato ejecutando el objeto en el tiempo debido y lo anormal es que incumpla; si incumple en el momento previsto para el pago incurre en retardo y si es conminado o la ley lo establece sin que ello sea menester entra en mora (art. 1608 C.C.), y una vez constituido en ese estado debe responder de acuerdo con la naturaleza de la prestación (el dar, hacer o no hacer primigenio), que adeude, bien con ejecución del contrato como fue pactado (débito primario), ora con ejecución de su equivalente (débito secundario) y, además, en uno y otro evento, con indemnización de perjuicios.

Así las cosas, la Sala ordenará la devolución del bien –débito primario– y condenará al pago de la indemnización. Si no se ordena, el terreno quedaría en manos del demandando, lo que desconocería los intereses del demandante, quien solo recuperaría el valor de las estructuras y edificaciones que hacían parte de la estación, pero no recobraría el terreno o su equivalente económico”.



[1] Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia del 1º de marzo de 2006, exp. 15898, C.P. María Elena Giraldo Gómez.

[2] [cita original del texto] Artículo 1607 del Código Civil: “El riesgo del cuerpo cierto cuya entrega se deba, es siempre a cargo del acreedor; salvo que el deudor se constituya en mora de efectuarla”.

[3] Consejo de Estado, Sala de Consulta y Servicio Civil, concepto del 13 de junio de 2007, exp. 2330, C.P. Édgar González López.

[4] En la demanda requirió la práctica de un dictamen pericial para calcular “el valor de todos los daños ocasionados a la estación cuarentenaria, para así determinar cual es el valor real de su reconstrucción y el valor por el cual se ha de indemnizar al ICA” (fl. 5, c. ppal.).

[5] Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia del 22 de julio de 2009, exp. 17552, C.P. Ruth Stella Correa Palacio.

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